¿ES ÚTIL LA JORNADA LABORAL REDUCIDA?

Publicado 2017-12-27



En un país como el nuestro, con 3.474.281 parados y que llegó a superar los 5 millones de parados en febrero y marzo de 2013, es normal que alguien se plantee, como medida desesperada de lucha contra el desempleo, la posibilidad de reducir la jornada laboral para así repartir el escaso trabajo. Pero esta medida, ¿es realmente útil?

La premisa es simple, si un trabajador que trabaja 8 horas al día reduce su jornada, esas horas que dejará de trabajar podrán ser ocupadas por otros trabajadores desempleados, de forma que con la misma cantidad de trabajo se conseguirá emplear a más personas y así reducir el desempleo. Pero este planteamiento tiene varias pegas y algunas muy importantes.

El primer problema, los trabajadores. Una reducción de la jornada conllevaría, lógicamente, una reducción de los salarios, y los trabajadores no estarían dispuestos a reducir su jornada y perder parte de su salario. Sus gastos siguen siendo los mismos, la hipoteca, el coche, los diversos gastos familiares, y si la jornada y el salario bajan, por ejemplo, un 20%, difícilmente podría hacer frente a dichos gastos y, por tanto, el trabajador no estaría dispuesto a una medida de ese tipo. Menos horas de trabajo suponen menos ingresos, menos cotizaciones, una menor pensión, menos renta disponible.

El segundo problema, los empresarios. Contratar a más trabajadores para un mismo trabajo supone en general un mayor coste, pues además del coste salarial, que en principio no debería aumentar, hay una serie de gastos fijos de gestión de personal, formación, prevención e incluso la Seguridad Social, que se verían aumentados si aumenta el número de trabajadores, de forma que esta medida sería mal recibida, y mucho más aún si no se reducen los salarios en la misma proporción, pues el coste de la mano de obra aumentaría y, en consecuencia, la competitividad se vería afectada. Las empresas se vería abocadas a sustituir personal por maquinaria o incluso a cerrar en el caso de las empresas más débiles. Nos encontraríamos ante la paradoja de que una medida que tiene por objeto disminuir el paro acabe por aumentarlo.

Un tercer problema es la organización de las empresas, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, que son la inmensa mayoría en nuestro país. Una empresa con 5 empleados que decidan trabajar 37 horas a la semana conseguirían ahorrar 15 horas a la semana, lo que permitiría, en el caso de que todos hicieran la misma función, contratar un trabajador por 3 horas al día, lo cual es de todo punto de vista inoperativo. Aún peor sería la situación si, como es lo normal, los trabajadores realizan funciones distintas. En ese caso dicha reducción obligaría a contratar 5 trabajadores durante 3 horas a la semana. El resultado final sería o una menor producción o una mayor economía sumergida.

Por último una reducción de jornadas y por tanto remuneraciones, supondría un freno para la economía. Las familias podrían consumir menos, se pagarían menos impuestos, los servicios públicos se verían negativamente afectados, unas menores cotizaciones que pondrían en peligro las pensiones actuales y futuras.

Pero, ¿qué han hecho en otros países? Un experimento realizado en Suecia entre 2015 y 2016, en el sector de asistencia pública a ancianos, que pretendía comprobar la eficacia de la jornada de 6 horas diarias manteniendo el salario, ha puesto de manifiesto que, aunque el proyecto tenía sus ventajas respecto a la mejora de la calidad de vida de los trabajadores y la calidad de su trabajo, era de todo punto inviable por demasiado caro y, en consecuencia, se decidió suspender cualquier proyecto de reducción de la jornada laboral. La célebre previsión del economista británico John Maynard Keynes, que afirmó en 1930 que “Tres horas de trabajo cada día, o una semana de quince horas son una ración suficiente para saciar al hombre”, según la cual se esperaba que en 2030, gracias a los avances tecnológicos nuestras necesidades quedarían satisfechas y tan solo sería necesario trabajar 3 horas al día, había quedado descartada.

En Francia, que en el año 2000 introdujo de forma generalizada la jornada laboral de 35 horas a la semana, la medida no ha conseguido los beneficios esperados, el país ha visto empeorar su competitividad y mantiene un nivel de desempleo por encima de sus vecinos y de la media europea.

Y es que, frecuentemente, recetas simples para problemas complejos suelen tener consecuencias desastrosas.

David Valle Rodríguez

Concejal por Cs Ciudadanos en el Ayto. de Alcalá de Henares.

 

 

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